miércoles, 2 de septiembre de 2026

¿PORQUE SE CELEBRA A LA VIRGEN DOLOROSA?


El mes de Septiembre, el centro de la Liturgia es la Virgen Dolorosa y la Exaltación de la Santa Cruz, y la Iglesia no los considera solo por mera admiración del valor y la capacidad heroica de Nuestro Señor, o de la Santísima Virgen, sino como ejemplo para la vida de aquel que se llama a si mismo -cristiano católico-.

¿Cómo podríamos permanecer indiferentes ante los sufrimientos del Señor y de la Santísima Virgen? Y sin embargo muchos de nosotros pasamos de largo ante la Cruz del Señor, o ante la imagen de Nuestra Señora de los Dolores.

Hoy queremos detenernos a reflexionar en estas figuras: La Virgen Dolorosa y el Sufrimiento, que está representado por la Cruz de nuestro Señor Jesucristo.

Para dirigirnos a la Santísima Virgen María, los católicos utilizamos distintos nombres, a los que también llamamos advocaciones. Algunas de las principales son:

  • Nuestra Señora de Guadalupe: Patrona de México y de las Américas. Sus apariciones ocurrieron frente a San Juan Diego en 1531.
  • Nuestra Señora de Lourdes: Patrona de los enfermos. Se relaciona con las apariciones de la Virgen en Lourdes, Francia, en 1858.
  • Nuestra Señora del Rosario: Asociada con la oración del Rosario. Su celebración se relaciona con la victoria en la batalla de Lepanto en 1571.
  • Inmaculada Concepción: Proclama que María fue concebida sin pecado original. Es celebrada el 8 de diciembre.
  • Nuestra Señora de Fátima: Patrona de Portugal. Relacionada con las apariciones en 1917 a tres niños pastores en Fátima.
  • Nuestra Señora del Carmen: Patrona de los Religiosos y Religiosas de la Orden del Carmelo. Se celebra el 16 de julio y se la representa con el escapulario.
  • Nuestra Señora de la Merced: Patrona de los cautivos y libertadores. Su festividad es el 24 de septiembre.
  • Nuestra Señora de la Salud: Invocada para las sanaciones físicas y espirituales.
 
Cada advocación de la Virgen María refleja diferentes aspectos de su intercesión y cuidado hacia la humanidad.
 
Pero en esta ocasión queremos referirnos especialmente a Nuestra Señora de los Dolores, también llamada La Virgen Dolorosa.
 
María es llamada La Virgen Dolorosa por varias razones que reflejan su sufrimiento y su papel en la pasión de su Hijo:
 
Como la Profecía de Simeón: En Lucas 2, 34-35, Simeón le dice a María: “Una espada traspasará tu alma”, lo que anticipa el dolor que experimentará al ver el sufrimiento de Jesús.
 
También por su sufrimiento al pie de la cruz: María estuvo presente durante la crucifixión de Jesús (Jn 19, 25-27). Su dolor y sufrimiento al pie de la cruz son centrales en la devoción a la Virgen Dolorosa.
 
Ella representa para nosotros los cristianos católicos el ejemplo de cómo vivir el sufrimiento: La devoción a La Virgen Dolorosa nos recuerda que el sufrimiento tiene un lugar en la vida de fe. María comparte en el sufrimiento de su Hijo, lo cual le confiere un papel único en la redención.
 
La Santísima Virgen María nos muestra como asumir los sufrimientos que Dios permita para nuestra vida, es un Modelo de aceptación: A pesar de su dolor, María acepta y confía en la voluntad de Dios, mostrando una fe inquebrantable, que no cuestiona, no se queja, no contradice la Voluntad de Dios, ni tampoco hace lo posible por evitarla.
 
La devoción a La Virgen Dolorosa nos invita a reflexionar sobre el sufrimiento y su papel redentor en el camino hacia la salvación.
 
Principalmente, el sufrimiento vivido en Gracia, produce en nosotros una unión, una Identificación con Cristo quien ofreció su propia Vida para que nosotros pudiéramos alcanzar la Salvación.
 
Isaías 53, 3-6.
“…Era un hombre lleno de dolor, acostumbrado al sufrimiento. Como a alguien que no merece ser visto, lo despreciamos, no lo tuvimos en cuenta. Y sin embargo él estaba cargado con nuestros sufrimientos, estaba soportando nuestros propios dolores. Nosotros pensamos que Dios lo había herido, que lo había castigado y humillado. Pero fue traspasado a causa de nuestra rebeldía, fue atormentado a causa de nuestras maldades; el castigo que sufrió nos trajo la paz, por sus heridas alcanzamos la salud. Todos nosotros nos perdimos como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, pero el Señor cargó sobre él la maldad de todos nosotros”.
 
El aceptar dócilmente las penas, trabajos y sufrimientos que a cada uno se nos presentan en la vida, nos ofrece la posibilidad de un crecimiento en la fe y en el conocimiento de Dios: 
A menudo, los momentos de prueba conducen a una mayor dependencia de Dios y a un entendimiento más profundo de Su voluntad
 
Romanos 5, 3-6
“…Nos gloriamos también en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación obra paciencia;  la paciencia, prueba; la prueba, esperanza;  y la esperanza no engaña, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones mediante el Espíritu Santo que nos ha sido dado. Porque cuando todavía éramos débiles, Cristo, al tiempo debido, murió por los impíos”.
 
Sufrimiento como participación en la redención:
Principalmente, el valor del sufrimiento para los cristianos católicos, es que nuestros dolores, enfermedades, cansancios y cualquier padecimiento, pueden tener valor redentor, si los unimos a los sufrimientos  de Cristo, pues por su Gracia, podemos así participar en la Obra de Redención.
 
Colosenses 1, 24.
“Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros, y suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia”.
 
Esperanza en medio del sufrimiento:
En medio de dolores y sufrimientos, los católicos podemos tener la certeza de la asistencia Divina, es decir, Dios que ha permitido en mi vida el sufrimiento, no solo no me abandonará en medio de mis padecimientos, sino que me dará las fuerzas necesarias para soportarlo, y más aún, El mismo estará conmigo, sosteniéndome, padeciendo mis dolores, llorando con mis lágrimas, porque Dios está cerca de sus creaturas y a quien le abre el corazón, Dios habita en él.

El conocimiento de Cristo y su resurrección nos da esperanza, incluso en el sufrimiento. Sabemos que la muerte no tiene la última palabra y que somos llamados a la vida eterna
 
2 Corintios 4, 16-18.
“Por tanto no nos acobardamos: si nuestro exterior se va deshaciendo, nuestro interior se va renovando día a día. A nosotros, que tenemos la mira puesta en lo invisible, no en lo visible, la tribulación presente, liviana, nos produce una carga incalculable de gloria perpetua”
 
Testimonio ante el mundo:
“El sufrimiento vivido con fe puede servir de testimonio a otros sobre la esperanza y la paz que Cristo ofrece, mostrando que en medio de las pruebas, la fe se fortalece y se iluminan el camino, y no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las visibles son temporales; las invisibles, eternas."
 
No significa que Dios nos pida infringir sufrimiento sobre nosotros mismos, ni siquiera es importante que lo busquemos,  bastaría solamente con tolerar, sin quejarme, de aquellos sufrimientos que brotan de mis propias limitaciones o de los que se producen por la convivencia con el prójimo, eso es ya  muy agradable a Dios y me ayuda a ejercitarme en el cumplimiento de la Divina Voluntad.
 
Por eso hoy rogamos al Señor que nos conceda un conocimiento profundo del dolor (Filipenses 3, 10-11) “…Y conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos”.
 
Y Que la Santísima Virgen Dolorosa interceda para que podamos unirnos a los sufrimientos de Su Divino Hijo y a los suyos, no solo como un ejercicio de autodominio, sino más aún, como una negación de nosotros mismos para Gloria de Dios y para el bien de las almas.

SSMR Hna. Elvia Marina Morales Flores


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