LA ESCUELA DE LA CONFIANZA

Santa Margarita María de Alacoque hizo popular para la Iglesia la expresión “Jesús, en ti confío”, y la razón es que El Sagrado Corazón de Jesús, Nuestro Señor, quiere que le digamos “En ti Confío”.

Pero ¿Qué es confiar? ¿Es depender? ¿Es acaso abandonarse?

Y, si es abandono ¿En qué consiste? Acaso será concedernos a nosotros mismos el permiso para cometer toda clase de males, de pecados, como quien va cuesta abajo en su rodada cayendo de pecado en pecado, de una maldad a otra ¿Será eso el abandono? O más bien será poner mi voluntad en la Voluntad Divina, sabiendo que Él no falla, sabiendo que nos ama y que Él conoce lo que es mejor para nosotros, y siempre actuará para nuestro bien.

-Es allí donde podríamos aprender el abandono- pero nosotros los seres humanos, y, también aquellos que nos decimos cristianos católicos, no solo damos señales claras de no saber confiar, de no saber abandonarnos en las poderosas manos de Dios, sino que muchas veces hablamos -que triste decirlo- con palabras vacías, repetimos oraciones, o incluso textos bíblicos, o frases de santos, pero las hemos vaciado de contenido, y, al vaciar las palabras, terminamos vaciando nuestra vida, incluida en ella nuestro culto a Dios, vaciamos de sentido la Liturgia, la Predicación, los Sacramentos, el Magisterio, la Fe misma… y terminamos viviendo en ese vacío y luego nos extrañamos de que nos cueste tanto cumplir los mandamientos, de que nos cueste cumplir con los preceptos de la Iglesia, con las prácticas de la vida cristiana.

¿Cómo podría pensar que mis acciones de servicio en cualquier apostolado me lleven a Dios, me unan a Él, o siquiera lleguen a ser verdaderamente en servicio del prójimo o contribuyan a su salvación, si yo los he vaciado de sentido?

La Confianza en Dios proviene, por supuesto de la Virtud Teologal de la Fe, y no aplica, no se vive en el Reino de los Cielos, pues los salvados no necesitan ya tener fe, porque ven cara a cara a Dios.

Tampoco se requiere en el cielo la virtud teologal de la esperanza, porque de ella solo necesitamos los que peregrinamos aún en esta tierra.

En el Cielo solo prevalece la Caridad, que ha sido entendida por la Santa Madre Iglesia como sinónimo de -Amor- por lo tanto, la práctica de la Confianza, de la que venimos hablando, si no está fundada, sustentada en la Caridad, sustentada en el Amor a Dios, no puede ser real. “La confianza en Dios es una disposición que se manifiesta en el amor; debe crecer con el tiempo” (Catecismo 1818).

“La fe es un acto de confianza que se dirige a Dios, quien se revela en Jesucristo. Creer en Dios implica abrirse a su amor y permanecer en él” (Catecismo 150).

La fe no consiste en esperar que Dios me resuelva todo lo que yo quiero, no implica que Dios me conceda una vida a mi gusto.

La Confianza, como decíamos es un abandono a la Voluntad Divina. Y si nos quedan dudas preguntémonos ¿En que consistió el primer pecado sino en preferir la propia Voluntad en lugar de la de Dios?

Confiar es, por tanto, no solo un ejercicio del alma, que se adiestra para aprender que Aquel que nos hizo, no solo quiere lo mejor para nosotros, también: “Quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (2Tim 2,4). Se goza en nuestra confianza, porque ella es para Dios, una respuesta que es capaz de sanar Su Corazón sediento de amor, sediento de nuestro amor.

Y Dios nos ha dado en toda la historia motivos para confiar:

Creó al ser humano / aunque luego el ser humano pecó.

Después del pecado / Dios le promete un Salvador.

La humanidad se enemistó con Dios, y por la imposibilidad del hombre de resarcir el daño hecho, la amistad rota / Dios Hijo se encarna para pagar la deuda con Nuestro Padre Dios.

Nuestro Divino Redentor retorna a la Gloria después de haber muerto y Resucitado / pero no nos deja solos:

- Nos promete al Espíritu Santo ,

- Nos dá a Su Madre,

- Nos da a la Iglesia.

MOTIVOS HAY DE SOBRA PARA PONER EN DIOS NUESTRA CONFIANZA.

Pero decíamos que no solo en la Historia de la Salvación nos ha dado motivos para confiar en Él…

¿Acaso no ha estado presente en la vida de cada uno? No nos ofrece una palabra, un consuelo, una ayuda cuando no lo encontramos.

Que ciegos seríamos si no alcanzamos a ver como cada día la Providencia Divina pone a nuestro alcance aquello que necesitamos para vivir, para seguir… “Un aspecto fundamental de la oración cristiana es la confianza en la providencia de Dios, que proporciona todo lo que necesitamos”(Catecismo 2620).

¿Cómo podríamos no confiar?

Y como en el caso de Galileo Galilei: “…Sin embargo, se mueve” es decir, volviendo al tema sobre el que estamos reflexionando: -Sin embargo desconfiamos-, nos abatimos, nos entristecemos, nos preocupamos, nos estresamos, nos deprimimos…

¿Y nos decimos hombres y mujeres de fe?

¡Cuán grande será el dolor que provocamos al Sagrado Corazón de Jesús, que arde en amor hacia los hombres, cuando no confiamos en Él!

¡Que doloroso será para Nuestro Señor, que nuestros labios digan: Jesús en Ti Confío, y vivamos incluso con más angustias que los que no tienen fe!

¿Quisiéramos responder al Amor que nos manifiesta el Corazón del Señor?

¿Habrá cristianos que movidos por un sincero amor hacia Nuestro Señor quisieran retirar una a una las espinas que clavamos en su Corazón por nuestra falta de confianza en Su Providencia?

O más directamente dicho: ¿Tu quieres dejar de lastimar al Señor con tu desconfianza en Él?

Entonces ¡Hagamos cada día un acto de fe! ¡Abandonémonos cada día en sus Divinas Manos! Y como prueba de verdadera confianza en Dios, vivamos conservando la paz, conservando la alegría.

¿No está el mundo tan lleno de dolor y de amargura como para que los cristianos católicos andemos por el mundo como condenados a muerte?

Entonces Levántate tu que duermes, y Cristo te alumbrará (Ef 5,14).

Levantémonos de la postración en la que nos tiene la angustia y la desconfianza.

Y si acaso no surge de nosotros una verdadera expresión de fe en Dios, podemos valernos de oraciones ya estructuradas, no solo del Credo, sino también de otras oraciones autorizadas por la Iglesia que alimentan la piedad popular, o podemos valernos de las expresiones, las palabras utilizadas por los santos como expresión de su fe y de su abandono en Dios, pero, más que todos estos actos hechos para reforzar nuestra confianza en Dios, INCLUSO SI NO SOMOS CAPACES DE LLENAR DE VERDAD CADA PALABRA QUE REZAMOS, SI NOS CUESTA CONFIAR PORQUE NUESTRO ENTORNO ES ADVERSO, El Señor no nos pide desde que comencemos a seguirlo que poseamos la fe de Abraham, LO QUE PIDE ES HUMILDAD Y DISPOSICIÓN DEL CORAZÓN…

«Se te ha enseñado, hombre, lo que es bueno y lo que el Señor exige de ti: tan solo (Miq 6,8)

El Señor lo que pide es la disposición de tu corazón, Él quiere que tú y yo nos dispongamos a confiar.

Y así como Dios no cuenta las batallas ganadas en la lucha por adquirir la virtud, lo que vale para Él es nuestra disposición para seguir luchando, para no dejarnos vencer.

Así también, en cuanto a la Confianza en Dios, puede que no seamos un verdadero ejemplo de fe para los demás, un testimonio de como se vive el abandono a la Divina Providencia, pero si estamos dispuestos a aprender a confiar en Dios, si nuestras oraciones, si las frases que repetimos no son una expresión de una realidad, al menos expresémoselas al Señor a manera de promesa, y repitámoslas diariamente, hasta que nuestra mente y nuestro corazón se convenzan de que podemos y debemos confiar en Dios. Repitámoslas hoy, mañana y hasta el fin de nuestros días ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos Confío!  

Fortalece Tu Señor, nuestra débil voluntad, aumenta Señor nuestra pequeña fe, y que, aún de nosotros, pequeños y pusilánimes, tu llegues a obtener para el mundo, testigos de que Tu sigues actuando en los corazones que quieren confiar en Ti.

SSMR Hna. Elvia Marina Morales Flores


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