ÉL NOS AMÓ

 

Amas a todos los seres, y no odias nada de lo que hiciste, pues si odiaras algo, no lo habrías creado (Sab.11,24).

¿Quién es digno del Amor de Dios? Aunque no haya un solo ser humano que lo sea, sin embargo, Dios ha querido amar a su creatura, el ser humano:

No porque lo merezcamos, no nos ama porque seamos dignos, porque seamos santos “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores…” (Marcos 2, 17)

Es Su Corazón Misericordioso el que, compadeciéndose de nuestras miserias se digna amarnos.


Ese es el amor con el que Dios nos ama, así es como se puede entender el Sagrado Corazón de Jesús: Como una puerta abierta que nos invita a habitar en Él.

Si sabemos que le concedió Nuestro Señor a Juan, su discípulo más amado reposar sobre su pecho, esta es una altísima dignación, un grandísimo honor que le concedió a este discípulo suyo, pero, lo que a nosotros se nos recuerda en este mes de Junio, dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, es que El Señor no solo quiere que como su discípulo amado, reposemos sobre su pecho, Él quiere introducirnos en el por la puerta abierta que es su costado herido.

Dios, siendo Dios creador de todo lo que existe, omnipotente y eterno, todopoderoso ¿Acaso no tendría el poder para cerrar sus heridas? ¿No podría haberlas cicatrizado siquiera y aparecer solo con las cicatrices?

Claramente si podía, pero NO QUISO. No solo no quiso aparecer con las cicatrices, sino más aún, quiso permanecer con las heridas, y las heridas abiertas, especialmente la de su costado, aquella por la cual se puede acceder directamente a su corazón.

…Y todo esto ¡Por Amor!

No es algo que podamos solo ver hoy, quienes a la distancia contemplamos la Pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, es algo que Él a lo largo de la historia, ha querido mostrar a su Iglesia, y ha quedado asentado también en Su Magisterio (Enciclica Haurietis Aquas – Sacareis agua con gozo… Pío XII, 1956) es algo que ha mostrado a lo largo de la historia a sus amigos fieles, a los santos, pero también es algo que quiere mostrarnos a nosotros HOY, una idea en la cual quiere que nos detengamos a reflexionar en que “El nos amó” (Dilexit Nos Encíclica del Papa Francisco del 24 de Octubre de 2024) pero no quiere ser solo motivo de recuerdo, e incluso no se conforma con que sea sólo un motivo de reflexión:

-Quiere ser vida en nosotros-  quiere actualizar ese amor en nuestros corazones, quiere hacerlo presente en nuestras vidas, en nuestro entorno, en nuestro mundo, pero no solo para estar en la mente de todos, no solo para que todos sepan que pueden acudir a la fuente del amor, no solo para que conozcamos que somos amados por Dios y saciemos en Él nuestra sed de amor.

Él, que posee después de Su Encarnación un corazón humano, es también capaz de sentir, y por supuesto que siente, siente el amor, pero también siente el desprecio, siente la indiferencia, y eso hiere a Ese Corazón que tanto ha amado a los hombres.

Si yo lo sé, si lo entiendo, si conozco esta verdad ¿Qué voy a hacer en consecuencia? ¿Seguiré mi vida como si ignorara esta verdad? Sabiendo que el Dios Eterno, el Creador de todo lo que existe ¡Tiene sed de mi amor! ¿Seguiré yo indiferente, clavándole las espinas de mi desprecio, dándole la espalda cuando Él me ofrece su pecho abierto?

Si por mi indiferencia he sido la causa de los dolores y sufrimientos de Tu Sacratísimo Corazón, Señor, concédeme la Gracia de cambiar este, corazón de piedra, por un corazón de carne, capaz de amarte, capaz de responder con amor a Tanto Amor.

Que todo aquél que sea capaz de agradecer Tu Divino Amor se disponga también a que Tu cambies su corazón de piedra por un corazón de carne (Ezequiel 11, 19).

Te rogamos Señor que tu Gracia siga actuando especialmente en esta humanidad que permanece indiferente a Ti, y que Tu Divino Corazón no se canse aún de amar y sea capaz de seguir recibiendo y perdonando a quienes se acerquen a Él.

Que Tu Santísima Madre, de quien recibiste tu Corazón humano, interceda por quienes reflexionamos en estas verdades y estamos dispuestos a recibirlas en nuestros corazones.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, Amén.

SSMR Hna. Elvia Marina Morales Flores

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