miércoles, 29 de julio de 2026

HABLANDO DE MARÍA

Hablar de la Santísima Virgen María es un grandísimo gozo, es un deleite para el cristiano católico, porque al contemplar tanta belleza, tanta virtud junta, tan perfecta respuesta de una criatura a Tu Voluntad. Y verte a TI, mi Dios, actuando en ella. Colmándola de tu Gracia desde antes de su nacimiento, desde que fue engendrada.

Y después, ver como colocabas en ella, gracia sobre gracia, ver como la preparabas para que fuera su vientre tu habitación, ver como habitaste primero en su corazón, y luego en su vientre, quedar nuestra mente confundida de ver ¡Cómo una criatura pudo contener a Su Creador!.

Y tú lo hiciste, Señor en María, en la Santísima Virgen María, Madre tuya y por gracia, también Madre Nuestra.

¿Cómo no sentir el corazón inflamado de gozo al contemplarla a Ella? Al ver cómo ella iba guardando tus palabras y atesorándolas en su corazón, ver como Tu Gracia la sostuvo aún con su corazón traspasado al verte a Ti Crucificado.

¿Cómo pudo mantenerse firme? ¿Cómo tuvo la capacidad de recibir en sus brazos Tu Cuerpo inerte?…

¡Cuán grande era su corazón y cuánto dolor cupo en él, en tu pasión y muerte!


Pero tú, mi Señor, quisiste también mostrarnos la fuerza que el Espíritu Santo había. Comunicado a su Santísima esposa. Al permanecer ella presente en medio del Colegio Apostólico, ver como los Evangelios nos narran una visión de los apóstoles como niños asustados y temerosos, reunidos al derredor de María, y ver como ellos, tal como un niño corre a refugiarse en el regazo de su madre, así lo hicieron ellos al derredor de María.

Y la Santísima Virgen no solo les dio consuelo, también les dio testimonio de fortaleza y de esperanza. Se mantuvo fiel, y por su testimonio, también contribuyó a que los apóstoles se mantuvieran firmes en oración hasta recibir el Espíritu Santo.

Y en adelante, ellos fueron ya valientes y salieron a anunciar a Aquel a quien, por miedo, no pudieron acompañar en su Pasión y Muerte.

Después siguieron congregándose alrededor de María, Incluso cuando su Ministerio Apostólico no rendía frutos, cuando el desánimo los hacía desfallecer -como a Santiago- queriendo abandonar su labor, ella los consoló, ella los animó. Y fue de esta manera como llegó a nosotros la Buena Nueva: por la predicación de los apóstoles animados por María.

Y para coronar su vida como premio, por sus méritos y por su perseverancia, la elevaste Señor en cuerpo y alma.

No sólo con su vida María nos mostró el camino, sino también con su muerte, nos enseña que, perseverando unidos a tu amor, señor, alcanzaremos la resurrección.

¿Cómo no aferrarnos a los pies de tan Santísima criatura a la que tú elevaste Hasta tu altura? ¿Cómo no buscar ser fieles devotos de tan Santísima Madre?

Si por la acción del Espíritu Santo, ella engendró a Dios en la Encarnación, si por ella vino Dios al encuentro de la humanidad. ¿Cómo dejar de pensar, con la enseñanza de la Iglesia de todos los siglos, que no podemos llegar a Dios sin María? No porque Dios no pueda acercarse al hombre, sino porque Dios QUISO llegar por María y quiere llegar a cada uno por María.
Si ella en Guadalupe, nos ofrece cobijarnos con su manto, mantenernos en Su regazo, en Fátima nos abre su Inmaculado Corazón para que habitemos en él, y en la Asunción nos muestra el camino que recorreremos, si permanecemos fieles a la Voluntad de Dios, fieles a nuestro llamado a la eternidad.

No fuimos hechos para permanecer en esta tierra, este nuestro débil cuerpo se deteriora, se enferma, se cansa. En cambio nuestra alma quiere volar libre, quiere volver hacia Dios de cuyas manos salió.


Ojalá no desechemos las Gracias que a través de María Dios ha dado y sigue dando a todo aquel que quiere ser, vivir y dar testimonio en el mundo como Hijo de Dios.

Que El Poderoso que ha hecho obras grandes en su creatura: María, pueda, por la disposición de nuestros corazones, actuar también en nosotros.


SSMR Hna. Elvia Marina Morales Flores

jueves, 23 de julio de 2026

LA ESCUELA DE LA CONFIANZA

Santa Margarita María de Alacoque hizo popular para la Iglesia la expresión “Jesús, en ti confío”, y la razón es que El Sagrado Corazón de Jesús, Nuestro Señor, quiere que le digamos “En ti Confío”.

Pero ¿Qué es confiar? ¿Es depender? ¿Es acaso abandonarse?

Y, si es abandono ¿En qué consiste? Acaso será concedernos a nosotros mismos el permiso para cometer toda clase de males, de pecados, como quien va cuesta abajo en su rodada cayendo de pecado en pecado, de una maldad a otra ¿Será eso el abandono? O más bien será poner mi voluntad en la Voluntad Divina, sabiendo que Él no falla, sabiendo que nos ama y que Él conoce lo que es mejor para nosotros, y siempre actuará para nuestro bien.

-Es allí donde podríamos aprender el abandono- pero nosotros los seres humanos, y, también aquellos que nos decimos cristianos católicos, no solo damos señales claras de no saber confiar, de no saber abandonarnos en las poderosas manos de Dios, sino que muchas veces hablamos -que triste decirlo- con palabras vacías, repetimos oraciones, o incluso textos bíblicos, o frases de santos, pero las hemos vaciado de contenido, y, al vaciar las palabras, terminamos vaciando nuestra vida, incluida en ella nuestro culto a Dios, vaciamos de sentido la Liturgia, la Predicación, los Sacramentos, el Magisterio, la Fe misma… y terminamos viviendo en ese vacío y luego nos extrañamos de que nos cueste tanto cumplir los mandamientos, de que nos cueste cumplir con los preceptos de la Iglesia, con las prácticas de la vida cristiana.

¿Cómo podría pensar que mis acciones de servicio en cualquier apostolado me lleven a Dios, me unan a Él, o siquiera lleguen a ser verdaderamente en servicio del prójimo o contribuyan a su salvación, si yo los he vaciado de sentido?

La Confianza en Dios proviene, por supuesto de la Virtud Teologal de la Fe, y no aplica, no se vive en el Reino de los Cielos, pues los salvados no necesitan ya tener fe, porque ven cara a cara a Dios.

Tampoco se requiere en el cielo la virtud teologal de la esperanza, porque de ella solo necesitamos los que peregrinamos aún en esta tierra.

En el Cielo solo prevalece la Caridad, que ha sido entendida por la Santa Madre Iglesia como sinónimo de -Amor- por lo tanto, la práctica de la Confianza, de la que venimos hablando, si no está fundada, sustentada en la Caridad, sustentada en el Amor a Dios, no puede ser real. “La confianza en Dios es una disposición que se manifiesta en el amor; debe crecer con el tiempo” (Catecismo 1818).

“La fe es un acto de confianza que se dirige a Dios, quien se revela en Jesucristo. Creer en Dios implica abrirse a su amor y permanecer en él” (Catecismo 150).

La fe no consiste en esperar que Dios me resuelva todo lo que yo quiero, no implica que Dios me conceda una vida a mi gusto.

La Confianza, como decíamos es un abandono a la Voluntad Divina. Y si nos quedan dudas preguntémonos ¿En que consistió el primer pecado sino en preferir la propia Voluntad en lugar de la de Dios?

Confiar es, por tanto, no solo un ejercicio del alma, que se adiestra para aprender que Aquel que nos hizo, no solo quiere lo mejor para nosotros, también: “Quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (2Tim 2,4). Se goza en nuestra confianza, porque ella es para Dios, una respuesta que es capaz de sanar Su Corazón sediento de amor, sediento de nuestro amor.

Y Dios nos ha dado en toda la historia motivos para confiar:

• Creó al ser humano / aunque luego el ser humano pecó.

• Después del pecado / Dios le promete un Salvador.

• La humanidad se enemistó con Dios, y por la imposibilidad del hombre de resarcir el daño hecho, la amistad rota / Dios Hijo se encarna para pagar la deuda con Nuestro Padre Dios.

• Nuestro Divino Redentor retorna a la Gloria después de haber muerto y Resucitado / pero no nos deja solos:

- Nos promete al Espíritu Santo ,

- Nos dá a Su Madre,

- Nos da a la Iglesia.

MOTIVOS HAY DE SOBRA PARA PONER EN DIOS NUESTRA CONFIANZA.

Pero decíamos que no solo en la Historia de la Salvación nos ha dado motivos para confiar en Él…

¿Acaso no ha estado presente en la vida de cada uno? No nos ofrece una palabra, un consuelo, una ayuda cuando no lo encontramos.

Que ciegos seríamos si no alcanzamos a ver como cada día la Providencia Divina pone a nuestro alcance aquello que necesitamos para vivir, para seguir… “Un aspecto fundamental de la oración cristiana es la confianza en la providencia de Dios, que proporciona todo lo que necesitamos”(Catecismo 2620).

¿Cómo podríamos no confiar?

Y como en el caso de Galileo Galilei: “…Sin embargo, se mueve” es decir, volviendo al tema sobre el que estamos reflexionando: -Sin embargo desconfiamos-, nos abatimos, nos entristecemos, nos preocupamos, nos estresamos, nos deprimimos…

¿Y nos decimos hombres y mujeres de fe?

¡Cuán grande será el dolor que provocamos al Sagrado Corazón de Jesús, que arde en amor hacia los hombres, cuando no confiamos en Él!

¡Que doloroso será para Nuestro Señor, que nuestros labios digan: Jesús en Ti Confío, y vivamos incluso con más angustias que los que no tienen fe!

¿Quisiéramos responder al Amor que nos manifiesta el Corazón del Señor?

¿Habrá cristianos que movidos por un sincero amor hacia Nuestro Señor quisieran retirar una a una las espinas que clavamos en su Corazón por nuestra falta de confianza en Su Providencia?

O más directamente dicho: ¿Tu quieres dejar de lastimar al Señor con tu desconfianza en Él?

Entonces ¡Hagamos cada día un acto de fe! ¡Abandonémonos cada día en sus Divinas Manos! Y como prueba de verdadera confianza en Dios, vivamos conservando la paz, conservando la alegría.

¿No está el mundo tan lleno de dolor y de amargura como para que los cristianos católicos andemos por el mundo como condenados a muerte?

Entonces Levántate tu que duermes, y Cristo te alumbrará (Ef 5,14).

Levantémonos de la postración en la que nos tiene la angustia y la desconfianza.

Y si acaso no surge de nosotros una verdadera expresión de fe en Dios, podemos valernos de oraciones ya estructuradas, no solo del Credo, sino también de otras oraciones autorizadas por la Iglesia que alimentan la piedad popular, o podemos valernos de las expresiones, las palabras utilizadas por los santos como expresión de su fe y de su abandono en Dios, pero, más que todos estos actos hechos para reforzar nuestra confianza en Dios, INCLUSO SI NO SOMOS CAPACES DE LLENAR DE VERDAD CADA PALABRA QUE REZAMOS, SI NOS CUESTA CONFIAR PORQUE NUESTRO ENTORNO ES ADVERSO, El Señor no nos pide desde que comencemos a seguirlo que poseamos la fe de Abraham, LO QUE PIDE ES HUMILDAD Y DISPOSICIÓN DEL CORAZÓN…

«Se te ha enseñado, hombre, lo que es bueno y lo que el Señor exige de ti: tan solo (Miq 6,8)

El Señor lo que pide es la disposición de tu corazón, Él quiere que tú y yo nos dispongamos a confiar.

Y así como Dios no cuenta las batallas ganadas en la lucha por adquirir la virtud, lo que vale para Él es nuestra disposición para seguir luchando, para no dejarnos vencer.

Así también, en cuanto a la Confianza en Dios, puede que no seamos un verdadero ejemplo de fe para los demás, un testimonio de como se vive el abandono a la Divina Providencia, pero si estamos dispuestos a aprender a confiar en Dios, si nuestras oraciones, si las frases que repetimos no son una expresión de una realidad, al menos expresémoselas al Señor a manera de promesa, y repitámoslas diariamente, hasta que nuestra mente y nuestro corazón se convenzan de que podemos y debemos confiar en Dios. Repitámoslas hoy, mañana y hasta el fin de nuestros días ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos Confío!  

Fortalece Tu Señor, nuestra débil voluntad, aumenta Señor nuestra pequeña fe, y que, aún de nosotros, pequeños y pusilánimes, tu llegues a obtener para el mundo, testigos de que Tu sigues actuando en los corazones que quieren confiar en Ti.

SSMR Hna. Elvia Marina Morales Flores


sábado, 4 de julio de 2026

CISMA EN LA IGLESIA

 



Antes que hablar del Cisma en sí mismo, es necesario conocer los conceptos básicos que sustentan la Fe Católica y la Vida de la Iglesia.
 
Para comenzar:
¿QUE ES LA IGLESIA CATÓLICA?
La Iglesia Católica se define como la comunidad de creyentes que sigue a Jesucristo y se considera el Cuerpo de Cristo en la tierra.
 
Está Iglesia tiene ciertas CARACTERÍSTICAS:
* La Iglesia es una, santa, católica y apostólica, como se expresa en el Credo.
* Es liderada por el Papa, quien es el sucesor de San Pedro.
* Su misión además de evangelizar, administrar los sacramentos, es principalmente guiar a los fieles hacia la salvación.
* Para cumplir su función, La Iglesia no se inventa reglas, ni toma decisiones arbitrarias basadas en ideas personales que varían según el tiempo y las situaciones sociales SU ACTUAR TIENE FUNDAMENTO BÍBLICO, Y FUNDAMENTO EN LA TRADICION, lo que significa que basa su actuar en las enseñanzas y mandatos de Nuestro Señor Jesucristo.
 
UNIDAD DE LA IGLESIA:
Cuando decimos que la Iglesia es UNA, nos referimos a varios aspectos fundamentales de su identidad y misión:
 
1. UNIDAD EN LA FE:
   * La Iglesia tiene una única fe, expresada en el Credo. Todos los fieles comparten la misma fe en Jesucristo y en los sacramentos.
 
2. UNIDAD EN TORNO A CRISTO
   * La Iglesia es considerada el Cuerpo de Cristo, donde todos los miembros están unidos a Él como la cabeza  (Ef 1, 22-23). Esto implica que, aunque hay diversidad de dones y funciones, todos contribuyen a la unidad de la Iglesia.
 
3. ESTRUCTURA JERÁRQUICA
Si reconocemos que la Iglesia no nace por voluntad del hombre, sino que es Dios quien la forma, quien hace que surja, entenderemos que fue Dios quien determina como quiere que la Iglesia sea, y sabemos que Dios establece una Iglesia Jerárquicamente constituida. No quiso hacer un grupo igualitario, de estructura horizontal, sin autoridad, o incluso un grupo democrático, aunque este concepto suene muy popular. NO ES LO QUE DIOS QUISO,  Dios hizo una Iglesia jerárquica.
 
* La unidad, justamente se manifiesta en la estructura jerárquica de la Iglesia, donde el Papa, como sucesor de San Pedro, es el símbolo de esa unidad (Mt 16, 18).
 
4. COMUNIDAD DE FIELES:
   * La Iglesia es una comunidad de creyentes, donde todos están llamados a vivir en el amor primero a Dios y luego al prójimo para que así lleguen a ser un reflejo de la comunidad divina de la Trinidad.
 
5. MISION DE EVANGELIZACIÓN:
Dado que la Verdad es por si misma difusiva:
"No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído" (1Jn 1,3)
"Si ustedes se callarán, las piedras hablarían". (Lc 19,40)
"Entonces vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo". (Mt 28, 19-20).
* La unidad tiene también como propósito la evangelización, llevando el mensaje de Cristo a todos los rincones del mundo, promoviendo la paz y la unidad en la Verdad.
 
Esta unidad no significa uniformidad, al contrario, se respeta la diversidad de culturas y tradiciones de cada pueblo y nación, desechando solo aquello que agrede al hombre mismo y va contra la Voluntad de Dios, Salvo esas cuestiones, se promueve hacer converger al mundo dentro de la única fe, revelada por Nuestro Señor Jesucristo.
 
Entrando en materia, veamos lo que es y las repercusiones de un Cisma.
 
QUE ES UN CISMA.
Un cisma es una división o separación dentro de la Iglesia, donde un grupo de fieles se aparta de la comunión con el líder legítimo de la Iglesia, generalmente el Papa.
Un Cisma ataca fundamentalmente la Unidad de la Iglesia.
 
ELEMENTOS DE UN CISMA:
No necesariamente tiene como causa y origen una herejía, sino más bien se basa en el rechazo de la Autoridad de la Iglesia.
 
Se distingue de la herejía en que ésta implica la negación de partes fundamentales de la fe, en cambio, el cisma se enfoca más en el rechazo a la autoridad y en el rechazo a la comunión con la Iglesia visible.
 
El cisma provoca la fragmentación de la comunidad cristiana, debilitando su testimonio ante el mundo y poniendo en riesgo la salvación de aquellos que se separan.
 
EJEMPLOS HISTÓRICOS:
   * Ejemplos de cismas incluyen el Cisma de Oriente y Occidente en el 1054, que separó a la Iglesia Católica de la Iglesia Ortodoxa Oriental.
 
El cisma es considerado un pecado grave en la doctrina católica y los fieles están llamados a buscar la unidad y la reconciliación, pues si perseveran en su actitud errónea, quedan excluidos de la Iglesia, como familia de Dios, y por supuesto quedan también excluidos de la posibilidad de la salvación, por el rechazo expreso de la Voluntad positiva de Dios que con está acción contradicen voluntariamente, para hacer valer sus argumentos, por encima de los de Dios.
 
EL CISMA ES UNA HERIDA PARA LA IGLESIA
Porque provoca ruptura, siembra confusión, es un antitestimonio para el mundo, y, sin embargo, el Papa no puede dejar de actuar (por medio de la excomunión) contra quienes perseveran en el error, porque su omisión sería un signo claro de que no estaría cumpliendo su Misión de Tutelar a los fieles y a la misma fé de la Iglesia. “Os ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa y que no haya entre vosotros divisiones”_ (1 Cor 1, 10).


SSMR Hna. Elvia Marina Morales Flores






LA CRUZ

  Un tema que es recurrente en la vida de todo cristiano.  Es normalmente un tema incómodo, e incluso es rechazado por personas de fe profun...