miércoles, 23 de septiembre de 2026

LA CRUZ

 

Un tema que es recurrente en la vida de todo cristiano. Es normalmente un tema incómodo, e incluso es rechazado por personas de fe profunda porque contradice lo que el mundo señala que debemos procurar:

  • Comodidad
  • Tranquilidad
  • Felicidad
Aunque estas expresiones responden a nuestro origen, al objetivo de Nuestro Creador, que nos creó para la Vida, y en la cual no cabe el dolor, el sufrimiento, la muerte…la realidad es que desde el primer pecado, desde que entró el pecado en el mundo, con el entró también el dolor, el sufrimiento, la muerte.

Y para resarcir la ofensa que la creatura cometió contra su Creador, se hizo necesaria la intervención Divina, es decir: el ser humano que tuvo capacidad para romper su amistad con Dios por el pecado no tiene la capacidad para resarcir la ofensa hecha a Dios, y no puede aspirar a entrar de nuevo en amistad con Dios, y no lo hubiera hecho jamás sin la Encarnación, Muerte y Resurrección de Cristo.

Nuestro Dios que había sido ofendido por el pecado, no nos abandonó a las consecuencias de nuestra culpa, y para que la enemistad eterna con Dios no fuera el destino final de la humanidad, Nuestro Señor Jesucristo se ofreció en la Cruz.

La Cruz es entonces el instrumento de nuestra Salvación. 1 Pedro 2, 24: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, viviésemos a la justicia.”

Catecismo de la Iglesia Católica Num. 517 
TODA LA VIDA DE CRISTO ES MISTERIO DE REDENCIÓN. La Redención nos viene ante todo por la sangre de la cruz, pero este misterio está actuando en toda la vida de Cristo: ya en su Encarnación porque haciéndose pobre nos enriquece con su pobreza; en su vida oculta donde repara nuestra insumisión mediante su sometimiento; en su palabra que purifica a sus oyentes; en sus curaciones y en sus exorcismos, por las cuales "él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades"; en su Resurrección, por medio de la cual nos justifica.
Pero es en la Cruz, donde Jesús consuma su sacrificio

Catecismo de la Iglesia Católica Num. 616.
El "amor hasta el extremo" es el que confiere su valor de redención y de reparación, de expiación y de satisfacción al sacrificio de Cristo. Nos ha conocido y amado a todos en la ofrenda de su vida. "El amor [...] de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, todos por tanto murieron". Ningún hombre aunque fuese el más santo estaba en condiciones de tomar sobre sí los pecados de todos los hombres y ofrecerse en sacrificio por todos. La existencia en Cristo de la persona divina del Hijo, que al mismo tiempo sobrepasa y abraza a todas las personas humanas, y que le constituye Cabeza de toda la humanidad, hace posible su sacrificio redentor por todos.

Pero la historia no acaba aquí, y eso es justamente donde ya no es tan agradable para nosotros, porque muchos quieren el premio de La Vida Eterna, pero pocos quieren pasar por el sacrificio de la Cruz, que antecede a la Resurrección.

Así como para con los apóstoles tuvo mucha paciencia Nuestro Señor Jesucristo, y para prevenirlos sobre el escándalo de la Cruz, los llevó al Monte Tabor, donde les manifestó Su Gloria para que fueran capaces de soportar el triste espectáculo de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor:

En la antesala de la Pascua está la Transfiguración, por medio de la cual, El Señor muestra una visión anticipada de la gloriosa venida de Cristo "el cual transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo" (Flp 3, 21). Pero ella nos recuerda también que "es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios" (Hch 14, 22):
Catecismo de la Iglesia Católica Num. 556 

…«Pedro no había comprendido eso cuando deseaba vivir con Cristo en la montaña (cf. Lc 9, 33). Te ha reservado eso, oh Pedro, para después de la muerte. Pero ahora, él mismo dice: Desciende para penar en la tierra, para servir en la tierra, para ser despreciado y crucificado en la tierra. La Vida desciende para hacerse matar; el Pan desciende para tener hambre; el Camino desciende para fatigarse andando; la Fuente desciende para sentir la sed; y tú, ¿vas a negarte a sufrir?» (San Agustín, Sermo, 78, 6: PL 38, 492-493).

Sobre esto ya nos anticipaba Nuestro Señor: 

Mateo 16, 24
 “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame’.”

Esta es nuestra participación en el Misterio de Cristo:

618 La Cruz es el único sacrificio de Cristo "único mediador entre Dios y los hombres" (1 Tm 2, 5). Pero, porque en su Persona divina encarnada, "se ha unido en cierto modo con todo hombre" (GS 22, 2) Él "ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de Dios sólo conocida [...] se asocien a este misterio pascual" (GS 22, 5). Él llama a sus discípulos a "tomar su cruz y a seguirle" (Mt 16, 24) porque Él "sufrió por nosotros dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas" (1 P 2, 21). Él quiere, en efecto, asociar a su sacrificio redentor a aquellos mismos que son sus primeros beneficiarios (cf. Mc 10, 39; Jn 21, 18-19; Col 1, 24). Eso lo realiza en forma excelsa en su Madre, asociada más íntimamente que nadie al misterio de su sufrimiento redentor (cf. Lc 2, 35):

«Esta es la única verdadera escala del paraíso, fuera de la Cruz no hay otra por donde subir al cielo» (Santa Rosa de Lima, cf. P. Hansen, Vita mirabilis, Lovaina, 1668)

Por tanto, no se nos da una Redención ya terminada:

Colosenses 1, 24: “Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia.”

A ti y a mi, El Señor nos concede la oportunidad de participar de Su Cruz: si hoy nos permitió amanecer, esta es una oportunidad más que nos concede para cargar con nuestra cruz de cada día. Este es el camino que El Señor nos ofrece para que podamos hacer nuestra la Salvación que nos ofrece, este es el camino por el cual puedo esperar por la Misericordia de Dios, alcanzar la Resurrección después de nuestra muerte.

Sin embargo ¿Cuántas veces hemos despreciado las cruces que nos ofreces cada día?
La hemos rechazado por áspera, por pesada, pero Tu, siempre pensando en nuestra Salvación, pensando en nuestro bien nos la has ofrecido.

E incluso, cuando la hemos aceptado, quizás lo hemos hecho de mala gana ¡Que pobreza de corazón, de méritos, de virtudes! Que pudiendo, mediante la cruz, crecer en unión contigo, crecer en Tu amor, crecer en virtudes, la rechazamos, la despreciamos y buscamos consuelos, comodidades… cualquier cosa que contrarreste el peso y el dolor de la cruz.

Y esto, muy probablemente no es sino fruto de no fijar nuestros ojos en Tu Cruz, es porque no nos detenemos a verte, a contemplarte ahí desposeído, desnudo, abandonado y solo.

Si observáramos A Nuestro Señor Crucificado, si nos detuviéramos a mirarte en la Cruz ¿Cómo podríamos quejarnos de nuestros males? ¿Cómo podríamos buscar comodidades? ¿Cómo podríamos amarlas mirándote a Ti en la Cruz?

Tu la has puesto como un referente para que no apegándonos a nada ni a nadie en esta tierra, podamos llegar desposeídos hasta Ti que nos esperas con las manos llenas, no de los dones efímeros de esta tierra, sino de los eternos los que permanecerán para siempre.

Quienes te han amado profunda y verdaderamente, -como los mártires- no se han conformado con abrazar su cruz cotidiana, sino que despegándose de todo lo terreno, incluso de sí mismos, de su propia vida, te la han ofrecido, y así te han encontrado a Ti, recibiéndolos en la Gloria con un abrazo y no solo han entrado a Tu Reino Eterno, sino que los has agregado a Tu Cortejo nupcial.

Si los cristianos vivimos cada día despreciando las cruces cotidianas ¿Cómo podríamos aspirar a la Vida Eterna? ¿Al Eterno Premio?

Pidamos sinceramente al Señor perdón por rechazar las cruces de nuestra vida, por ser débiles y cobardes, y pidamos por intercesión de la Virgen Dolorosa, que te acompañó al pie de la Cruz y que recibió en sus brazos tu cuerpo inerte, que nos reciba también a nosotros y ruegue para estos débiles corazones la perseverancia en el caminar hacia Su Divino Hijo.
Que en lugar de renegar del dolor, del sufrimiento, de las pruebas y enfermedades, sepamos unir a Tu Santa Cruz, nuestras pequeñas cruces, y así, aunque pequeños y débiles, participemos también de Tu Obra redentora.

SSMR Hna. Elvia Marina Morales Flores

miércoles, 2 de septiembre de 2026

¿PORQUE SE CELEBRA A LA VIRGEN DOLOROSA?


El mes de Septiembre, el centro de la Liturgia es la Virgen Dolorosa y la Exaltación de la Santa Cruz, y la Iglesia no los considera solo por mera admiración del valor y la capacidad heroica de Nuestro Señor, o de la Santísima Virgen, sino como ejemplo para la vida de aquel que se llama a si mismo -cristiano católico-.

¿Cómo podríamos permanecer indiferentes ante los sufrimientos del Señor y de la Santísima Virgen? Y sin embargo muchos de nosotros pasamos de largo ante la Cruz del Señor, o ante la imagen de Nuestra Señora de los Dolores.

Hoy queremos detenernos a reflexionar en estas figuras: La Virgen Dolorosa y el Sufrimiento, que está representado por la Cruz de nuestro Señor Jesucristo.

Para dirigirnos a la Santísima Virgen María, los católicos utilizamos distintos nombres, a los que también llamamos advocaciones. Algunas de las principales son:

  • Nuestra Señora de Guadalupe: Patrona de México y de las Américas. Sus apariciones ocurrieron frente a San Juan Diego en 1531.
  • Nuestra Señora de Lourdes: Patrona de los enfermos. Se relaciona con las apariciones de la Virgen en Lourdes, Francia, en 1858.
  • Nuestra Señora del Rosario: Asociada con la oración del Rosario. Su celebración se relaciona con la victoria en la batalla de Lepanto en 1571.
  • Inmaculada Concepción: Proclama que María fue concebida sin pecado original. Es celebrada el 8 de diciembre.
  • Nuestra Señora de Fátima: Patrona de Portugal. Relacionada con las apariciones en 1917 a tres niños pastores en Fátima.
  • Nuestra Señora del Carmen: Patrona de los Religiosos y Religiosas de la Orden del Carmelo. Se celebra el 16 de julio y se la representa con el escapulario.
  • Nuestra Señora de la Merced: Patrona de los cautivos y libertadores. Su festividad es el 24 de septiembre.
  • Nuestra Señora de la Salud: Invocada para las sanaciones físicas y espirituales.
 
Cada advocación de la Virgen María refleja diferentes aspectos de su intercesión y cuidado hacia la humanidad.
 
Pero en esta ocasión queremos referirnos especialmente a Nuestra Señora de los Dolores, también llamada La Virgen Dolorosa.
 
María es llamada La Virgen Dolorosa por varias razones que reflejan su sufrimiento y su papel en la pasión de su Hijo:
 
Como la Profecía de Simeón: En Lucas 2, 34-35, Simeón le dice a María: “Una espada traspasará tu alma”, lo que anticipa el dolor que experimentará al ver el sufrimiento de Jesús.
 
También por su sufrimiento al pie de la cruz: María estuvo presente durante la crucifixión de Jesús (Jn 19, 25-27). Su dolor y sufrimiento al pie de la cruz son centrales en la devoción a la Virgen Dolorosa.
 
Ella representa para nosotros los cristianos católicos el ejemplo de cómo vivir el sufrimiento: La devoción a La Virgen Dolorosa nos recuerda que el sufrimiento tiene un lugar en la vida de fe. María comparte en el sufrimiento de su Hijo, lo cual le confiere un papel único en la redención.
 
La Santísima Virgen María nos muestra como asumir los sufrimientos que Dios permita para nuestra vida, es un Modelo de aceptación: A pesar de su dolor, María acepta y confía en la voluntad de Dios, mostrando una fe inquebrantable, que no cuestiona, no se queja, no contradice la Voluntad de Dios, ni tampoco hace lo posible por evitarla.
 
La devoción a La Virgen Dolorosa nos invita a reflexionar sobre el sufrimiento y su papel redentor en el camino hacia la salvación.
 
Principalmente, el sufrimiento vivido en Gracia, produce en nosotros una unión, una Identificación con Cristo quien ofreció su propia Vida para que nosotros pudiéramos alcanzar la Salvación.
 
Isaías 53, 3-6.
“…Era un hombre lleno de dolor, acostumbrado al sufrimiento. Como a alguien que no merece ser visto, lo despreciamos, no lo tuvimos en cuenta. Y sin embargo él estaba cargado con nuestros sufrimientos, estaba soportando nuestros propios dolores. Nosotros pensamos que Dios lo había herido, que lo había castigado y humillado. Pero fue traspasado a causa de nuestra rebeldía, fue atormentado a causa de nuestras maldades; el castigo que sufrió nos trajo la paz, por sus heridas alcanzamos la salud. Todos nosotros nos perdimos como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, pero el Señor cargó sobre él la maldad de todos nosotros”.
 
El aceptar dócilmente las penas, trabajos y sufrimientos que a cada uno se nos presentan en la vida, nos ofrece la posibilidad de un crecimiento en la fe y en el conocimiento de Dios: 
A menudo, los momentos de prueba conducen a una mayor dependencia de Dios y a un entendimiento más profundo de Su voluntad
 
Romanos 5, 3-6
“…Nos gloriamos también en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación obra paciencia;  la paciencia, prueba; la prueba, esperanza;  y la esperanza no engaña, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones mediante el Espíritu Santo que nos ha sido dado. Porque cuando todavía éramos débiles, Cristo, al tiempo debido, murió por los impíos”.
 
Sufrimiento como participación en la redención:
Principalmente, el valor del sufrimiento para los cristianos católicos, es que nuestros dolores, enfermedades, cansancios y cualquier padecimiento, pueden tener valor redentor, si los unimos a los sufrimientos  de Cristo, pues por su Gracia, podemos así participar en la Obra de Redención.
 
Colosenses 1, 24.
“Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros, y suplo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia”.
 
Esperanza en medio del sufrimiento:
En medio de dolores y sufrimientos, los católicos podemos tener la certeza de la asistencia Divina, es decir, Dios que ha permitido en mi vida el sufrimiento, no solo no me abandonará en medio de mis padecimientos, sino que me dará las fuerzas necesarias para soportarlo, y más aún, El mismo estará conmigo, sosteniéndome, padeciendo mis dolores, llorando con mis lágrimas, porque Dios está cerca de sus creaturas y a quien le abre el corazón, Dios habita en él.

El conocimiento de Cristo y su resurrección nos da esperanza, incluso en el sufrimiento. Sabemos que la muerte no tiene la última palabra y que somos llamados a la vida eterna
 
2 Corintios 4, 16-18.
“Por tanto no nos acobardamos: si nuestro exterior se va deshaciendo, nuestro interior se va renovando día a día. A nosotros, que tenemos la mira puesta en lo invisible, no en lo visible, la tribulación presente, liviana, nos produce una carga incalculable de gloria perpetua”
 
Testimonio ante el mundo:
“El sufrimiento vivido con fe puede servir de testimonio a otros sobre la esperanza y la paz que Cristo ofrece, mostrando que en medio de las pruebas, la fe se fortalece y se iluminan el camino, y no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las visibles son temporales; las invisibles, eternas."
 
No significa que Dios nos pida infringir sufrimiento sobre nosotros mismos, ni siquiera es importante que lo busquemos,  bastaría solamente con tolerar, sin quejarme, de aquellos sufrimientos que brotan de mis propias limitaciones o de los que se producen por la convivencia con el prójimo, eso es ya  muy agradable a Dios y me ayuda a ejercitarme en el cumplimiento de la Divina Voluntad.
 
Por eso hoy rogamos al Señor que nos conceda un conocimiento profundo del dolor (Filipenses 3, 10-11) “…Y conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos”.
 
Y Que la Santísima Virgen Dolorosa interceda para que podamos unirnos a los sufrimientos de Su Divino Hijo y a los suyos, no solo como un ejercicio de autodominio, sino más aún, como una negación de nosotros mismos para Gloria de Dios y para el bien de las almas.

SSMR Hna. Elvia Marina Morales Flores


LA CRUZ

  Un tema que es recurrente en la vida de todo cristiano.  Es normalmente un tema incómodo, e incluso es rechazado por personas de fe profun...